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HISTORIA DE ARJA


La Asociación Riojana de jugadores comenzó su andadura en el mes de octubre de 1989. Las primeras reuniones de grupo se realizaron con tres personas muy preocupadas por los problemas que el juego les estaba ocasionando. No eran capaces de entender lo que les sucedía y uno de ellos solicitó ayuda a un sacerdote que en aquellos momentos prestaba sus servicios en Cáritas. El lugar de encuentro de estas primeras reuniones fue un despacho cedido para una hora de reunión en la misma sede de Cáritas.


En La Rioja también se cumplieron las predicciones de los estudios que sobre el Juego Patológico se venían realizando en EEUU. Estas investigaciones mostraban información empírica de que los problemas asociados al Juego Patológico suelen aparecer alrededor de los diez años de su legalización o implantación en un país. Aquí también, las primeras personas que pidieron auxilio para su problema surgieron con esa misma cadencia legalización/problema.


Al poco tiempo de empezar las reuniones de grupo con regularidad, aparecieron otras dos personas solicitando ayuda que fueron introducidas directamente en aquel grupo inicial.


Se prepararon unos Estatutos, básicos para constituir una Asociación sin ánimo de lucro, que fueron estudiados, adaptados y al final aprobados por los miembros que en aquellos momentos componían la Asociación y, se presentaron los documentos en la Delegación del Gobierno en La Rioja, en la Consejería de Salud, Consumo y Bienestar Social y en el Ayuntamiento de Logroño, para su inscripción en los respectivos registros.

Así fue como el 2 de febrero de 1990, ARJA se constituyó oficialmente, con la firma del Acta Fundacional, aunque ya se llevaba trabajando en el tema desde primeros de octubre de 1989.


La primera medida que se consideró primordial fue la búsqueda de un piso o local en el que instalar una sede social. Lograr un domicilio fijo y sin dependencias de cesiones se perfilaba como una necesidad básica para establecer horarios para las terapias y funcionar de una manera autónoma.


Durante los primeros años, sobrevivimos con unas subvenciones que no eran fijas ni en el tiempo ni en la cantidad, generalmente se solían conseguir unas 150.000 “pesetas” para todo el año de la Consejería de Servicios Sociales, algunos años del Ayuntamiento y Cáritas también nos prestó su ayuda económica en los primeros años de independencia.


En el mes de diciembre de 1995 ARJA logró firmar un convenio con la Consejería de Hacienda que de una manera consecuente y voluntariosa decidió conceder una cantidad anual para paliar los daños producidos por el juego, ya que era esta Consejería la que recaudaban estos impuestos, y dedicarla a la rehabilitación de las personas dañadas psicológicamente por el juego. Desde ese año y hasta la actualidad el convenio se ha venido prorrogando todos los años con el envío previo de una memoria de actividades que supervisa y aprueba la Consejería de Salud.


En este Centro de Atención al Juego Patológico se han atendido, distribuidas por años, a las siguientes personas:




El primer incremento pudo deberse a la nueva implantación en La Rioja de un Centro de estas características y el segundo, en 1993, a una campaña divulgativa con reparto de dípticos y carteles (gracias a una subvención para tal efecto de Cajarioja) por todos los Centros de Salud, Hospitales, Asociaciones, Ayuntamientos de toda La Rioja, etc. A partir del año 2000, la asistencia se ha mantenido en una media de 34 personas por año.


Durante todos estos años hemos logrado un avance muy significativo ya que la labor del Centro ha sido reconocida por los profesionales que trabajan en las áreas sociales y de salud como psicólogos, psiquiatras, médicos, trabajadores sociales, que han remitido las patologías del juego para que sean atendidas en un Centro cualificado. No hay que olvidar que el juego es una enfermedad social que se cura en sociedad y que las terapias de grupo se perfilan, junto con las individuales, como el mejor método de rehabilitación en las patologías adictivas.


En principio la denominación de la asociación fue: Asociación Riojana de Jugadores Anónimos. El anonimato se evidenciaba como imprescindible para aquel pequeño grupo inicial en el cual todo intento por esconder a la luz pública su problema era prioritario. La concienciación de que el juego es un trastorno mental del cual no hay por qué avergonzarse llevó a los miembros rehabilitados a sugerir el cambio de denominación por lo que pasó a convertirse en lo que actualmente es ARJA, Asociación Riojana de Jugadores de Azar.


Se sigue manteniendo el anonimato de sus miembros y una de las premisas es la no divulgación de identidades. Este anonimato ayuda sobre todo a los recién llegados que no asumen en principio su trastorno; posteriormente, una vez que la rehabilitación avanza, ellos mismos son los que libremente comienzan a decir a familiares y amigos el infierno por el que han pasado y cómo dejar de jugar, ha transformado sus vidas.


ARJA se presenta al recién llegado como un Centro para su rehabilitación en el que se le propone un tratamiento a seguir. El único requisito que se establece para su incorporación a la Asociación es que asuma que tiene un problema y que quiere solucionarlo. En este sentido hay que destacar que no todas las personas que acuden a la primera entrevista se quedan en el Centro, ha habido ocasiones en las que tras el estudio del caso se les ha remitido a otros Centros como Alcohólicos Anónimos, cuando se detecta que el juego es secundario al alcohol o a Proyecto Hombre cuando el consumo de drogas ha sido considerado factor primario y desencadenante de otras adicciones como el juego. En otros casos y ante la falta de cooperación del jugador que confiesa haber acudido al Centro obligado por sus familiares (generalmente padres) y que dice frases como: "Yo con mi dinero hago lo que quiero, que para eso me lo gano" o "Me mandan venir, pero yo el juego lo dejo cuando quiera, esto no es problema para mi" o "Venir aquí es una pérdida de tiempo, yo no soy jugador", se opta por dejar que pase el tiempo y que el jugador compruebe por sí mismo que puede dejarlo y que si no lo consigue, se le anima a que vuelva a acudir.


 

 
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